viernes 24 de febrero de 2012

Yo trabajo asi... en casa Particular


Patrona y trabajadora del hogar descubren en la otra su propia carencia. La Patrona dice de la empleada: “por lo menos a ella se le paga”. La empleada dice de la Patrona: “por lo menos ella lo hace para su propia familia”. Cada una ve una parte de la trampa a la que hemos sido empujadas las mujeres. Por pago o por amor somos las responsables del trabajo menos reconocido.

Las invitamos a leer el libro YO TRABAJO ASÍ… EN CASA PARTICULAR. De las chilenas Thelma Gálvez y Rosalba Todaro; Editado por el Centro de estudios de la Mujer; en 1985. Ahí podremos conocer las historias de Magdalena, Luz, Patricia y Elvira, trabajadoras del hogar quienes nos cuentan su experiencia, opiniones y decisiones relacionadas con su trabajo. Pero también los motivos personales que influyen en las decisiones de trabajar o no, migrar, cambiar de trabajo, emplearse en casa particular o en otra ocupación. Si comparamos sus experiencias con las que vivimos muchas de nosotras nos daremos cuenta que tenemos mucho en común. Nosotras también solemos enfrentar una lucha contra las circunstancias que nos han ido obligando a trabajar así. “Lucha real o imaginada, lucha activa o simple resistencia, pero en todo caso expresión del deseo de escapar a este destino”. “…obligadas por la pobreza, la falta de estudios, la migración desde el campo, la escasa oferta de otros trabajos, la falta de un lugar donde vivir, la necesidad de mantenerse y mantener a otros y también, ante la falta de experiencia laboral” optamos por trabajar en una casa ajena.
Los hechos que nos relatan en este libro son hechos de vida y de trabajo a la vez: “cuidar a un niño y quererlo, comer sólo la comida que se hace en el trabajo, vivir –o no vivir- la sexualidad entre las cuatro paredes de la casa donde se trabaja, dejar los estudios porque ya no hay tiempo suficiente.” La relación con la empleadora y la familia es mucho mayor que en cualquier otro trabajo, porque “en su jornada la trabajadora tiene muy pocas relaciones con otras personas. Su propia familia va siendo postergada u olvidada por la falta de convivencia diaria. Al mismo tiempo, la trabajadora se va involucrando poco a poco, en su preocupación y sus afectos, con la familia atendida y finalmente parece natural que cualquier problema de ésta sea más importante que su vida personal y su descanso.”
 Es difícil separar la historia personal de la historia laboral, ambas se entrelazan en cada situación imaginable, terminamos viviendo nuestras vidas en la intimidad de una familia, que sin embargo, no es nuestra familia, que pertenecen a otra clase social. Pueden ser buenas personas, amables pero finalmente, en los momentos más críticos nos recuerdan que entre ellas y nosotras sólo hay una relación de trabajo.
En este libro las autoras nos recuerdan que el trabajo del Hogar está lleno de ambigüedades por la relación de trabajo y la relación familiar que surge con el tiempo lo cual termina por confundir tanto a los empleadores como a la trabajadora.
Una de las consecuencias es la dependencia mutua entre empleadora y empleada. Las trabajadoras difícilmente tienen conciencia clara de la ventaja que les significa la dependencia de las empleadoras hacia ellas. Para éstas, contratar una nueva empleada no es una opción fácil de tomar: hay que enseñarle de nuevo, superar el miedo de una persona desconocida en la casa, acostumbrarse a una nueva cara, que los niños se adopten al cambio. El temor a que la empleada no llegue o se enferme y no poder ir a trabajar o no poder salir, se oculta muchas veces para no hacer evidente la dependencia y el poder que ésta da a la trabajadora.
En las trabajadoras está presente el miedo a cambiar de casa y tener que adaptarse a nuevas costumbres y caracteres: el cariño a los niños puede postergar la decisión de buscar mejores condiciones de trabajo.
También el despido o el retiro responden muchas veces a causas ligadas a las emociones, los afectos, el carácter, el trato. Ambas tienen miedo de decirse las cosas claramente. Hay miedos concretos, “que me eche”, “que se vaya”, pero también ese extraño parentesco entre el miedo y la rabia; ese resentimiento que hace imaginar que no hay forma de decir las cosas fáciles y claramente: decir algo es tener que decirlo todo, como una explosión.
Nosotras creemos que en México una de las soluciones es realizar un contrato por escrito en el que se pueda hacer explícito cuales son las obligaciones y derechos de cada uno de ellos. Y que podría ser renegociado cada vez que las circunstancias cambien.
“El trabajo del hogar tiene una definición imprecisa pues está condicionada por la personalidad y hábitos de la gente; no basta que esté bien hecho, debe de hacerse al gusto de los que lo reciben y, en el caso de la empleada, especialmente al gusto de la dueña de la casa como porta voz de la familia. Por eso la trabajadora está pendiente de caras y gestos, indicadores de aprobación o rechazo. Hasta debe de adivinar cuando hacer algo más de lo que se le ha pedido. Y no siempre acierta: ordenar un closet puede indicar que es una buena empleada o que es una entrometida, hacer una torta puede ser una atención o un despilfarro.”
“Así como ella interpreta a la empleadora, también desea ser entendida por ella, que le hable, que la conozca y la proteja, además de respetar su contrato de trabajo.”

domingo 12 de febrero de 2012

MUJERES INDÍGENAS TRABAJADORAS DEL HOGAR


 
COMUNIDAD DE ORIGEN, IDENTIDAD Y MIGRACIÓN
Cuando somos niñas y vivimos en nuestra comunidad con nuestras familias no vemos ninguna diferencia. Todos nos conocemos y nos saludamos al vernos, hablamos la misma lengua, trabajamos en el mismo campo, disfrutamos de la misma comida y participamos en las mismas fiestas. Allá todos somos iguales.
En nuestra comunidad aprendemos a saludarnos con respeto, vivimos la importancia de ayudarnos los unos a los otros, disfrutamos todos los días de la Madre Tierra[1] y le damos las gracias por lo que nos da. Y todo esto lo aprendemos día con día, con el ejemplo de nuestros padres, viendo como lo hacen. Desde pequeñas sentadas en la cocina participando en la preparación de alimentos, acompañando a nuestros padres al campo, ayudando en la siembra, escuchando las conversaciones de los adultos, disfrutando de los preparativos de las fiestas. Esa es nuestra escuela.
Pero cuando salimos por primera vez de nuestras comunidades, muchas de nosotras siendo aún niñas y sin saber muy bien las razones, pero casi siempre por la necesidad de buscar un trabajo que en la comunidad no hay, porque el dinero que ganan nuestros padres no alcanza, porque somos muchos hermanos, porque si nos enfermamos de gravedad aquí no hay doctores para curarnos, porque tampoco hay escuelas en la comunidad y si una quiere seguir estudiando tiene que salir y trabajar para poder pagar sus estudios. Cada una de nosotras tiene una razón por la que salió de su comunidad, pocas lo hacemos por gusto y la mayoría con expectativas que cambian con el tiempo[2].
En la ciudad solemos buscarnos entre nosotras para ir a dar una vuelta el día que nos toca descansar, solemos ir a visitar a nuestros familiares que viven en la Ciudad, vamos a fiestas a las que nos invitan otras compañeras que también trabajan en alguna casa, es decir, difícilmente rompemos los lazos con nuestra comunidad, siempre estamos pensando en ir a ver a nuestras madres y abuelas, en ir a la fiesta del pueblo y siempre que podemos vamos.
LA CIUDAD HOSTIL, VIOLACIÓN DE DERECHOS Y DISCRIMINACIÓN
Pero la vida en la Ciudad no es como en el pueblo, aquí hay gente que se burla por la forma en la que hablamos y nos vestimos cuando vamos en el transporte público, al entrar en los restaurantes y en las tiendas departamentales, cuando solicitamos algún servicio médico o simplemente caminando por la calle.
Podríamos creer que como trabajadora del hogar no hay mucha diferencia si eres indígena o no, ya que para el empleador las particularidades culturales no tendrían relevancia, es lo mismo, ambas trabajadoras están a su servicio y sólo le importa que hagan bien tu trabajo y ya.
Sin embargo, desde nuestra experiencia hemos podido constatar que si hay diferencia. Para nosotras al iniciar el trabajo en una casa de la Ciudad es más difícil, por el gran esfuerzo que hacemos por adaptarnos. Entre el quehacer en una casa de la ciudad y el quehacer en la casa de una comunidad hay una gran diferencia ya que aquí estamos obligadas a aprender a leer ya que los aparatos electrodomésticos muchas veces vienen en inglés, muchas de nosotras no tuvimos la misma oportunidad de ir a la escuela, cuando mucho terminamos la primaria, esto no basta, por lo tanto no entendemos bien el español, ya que nunca estamos preocupados en aprenderlo porque ya sabemos hablar nuestra lengua materna. Al llegar a la ciudad es un reto para todas tener que hablarlo y aprender el quehacer, es un doble esfuerzo. Muchas veces nuestros sueños se ven truncados cuando queremos seguir estudiando y no lo podemos hacer ya que la escuela está abierta de lunes a viernes y nuestro día de descanso son los domingos o cada quince días.
Para muchas patronas también hay diferencia porque prefieren a una trabajadora “de pueblo”, porque dicen que “ellas no están maleadas y son más limpias”, pero lo que en realidad están diciendo es que prefieren a una muchacha joven que no conozca sus derechos, que no se queje, que sea obediente, que acepte todas las condiciones de trabajo que le pongas. Muchas de nuestras compañeras, cuando recién llegan a la ciudad, tienen mucha necesidad de trabajar y no saben como son las cosas por acá por lo que terminan aceptando todo lo que les diga la empleadora.
El trabajo en casa es vista como si fuera un trabajo para las mujeres pobres por que se cree que no se necesitan muchas habilidades para hacerlo, basta con ser mujer y ser pobre. Por lo que sobre este trabajo pesan todos los prejuicios que sobre la pobreza y las mujeres existen y pero si además eres indígena[3]. En este trabajo existe el abuso, la discriminación, el maltrato psicológico, emocional y a veces físico y sexual, porque las empleadoras y sus familias se creen con la obligación de “educarnos”, nos dicen que nuestras costumbres no están bien, que debemos hablar correctamente (en español), nos dicen que como ya estamos en la ciudad ya no tenemos que comportarnos como en el pueblo, nos deciden qué días descansamos, que podemos comer, con quien nos podemos casar, con quien podemos salir, a donde debemos de ir. Muchas lo hacen llenas de buenas intenciones y por respeto muchas de nosotras les decimos que está bien, aunque claro, cuando podemos estar con nuestra gente, platicamos en nuestra lengua y reproducimos nuestra cultura.
EL TRABAJO EN CASA, OBLIGACIONES Y DERECHOS LABORALES
Al principio te dicen que solo vas a limpiar la casa, pero conforme pasa el tiempo tus actividades van aumentando. Cuando trabajamos de planta terminamos estando al pendiente de todo aparte de la casa hay que limpiar la calle, sacar el perro a pasear, lavar los carros etc. y no podemos hacer otra cosas más que estar al pendiente que la familia no le falte nada. Cuando estás de entrada por salida, la cosa no es muy diferente, inicias solo haciendo la limpieza y con el tiempo empiezan los favores: -plánchame esta camisa por favor, -mañana voy a tener visitas por favor me puedes venir ayudar, - voy a tener un día muy ocupado me puedes ayudar con la comida hoy, -por favor antes de que llegues mañana puedes pasar al super y comprarme esto, etc. Muchas de nosotras no tenemos la habilidad para negociar un aumento de salario cuando estos favores se vuelven permanentes, tememos perder nuestro trabajo si pedimos un aumento de salario por el aumento de trabajo.
Algunas compañeras creen que es cuestión de suerte encontrarse con una “buena patrona” de esos que son amables y hasta te dicen que “eres como de la familia”, pero en general eso no sucede, las empleadoras pueden ser personas amables pero casi nunca son “buenas patronas”, ya que al no estar obligadas por ningún otro motivo que su propia buena voluntad difícilmente pagan buenos salarios, casi nunca te dan vacaciones pagadas ni respetan tu horario de trabajo y mucho menos pagan horas extras. Socialmente el trabajo que realizamos no es visto como un trabajo, similar a cualquier otro oficio o profesión, por lo tanto difícilmente nuestras empleadoras se ven así mismas como patrones con derechos y con obligaciones.
Las condiciones en las que trabajamos esta tan arraigada en la sociedad que incluso muchas de nosotras vemos el trato que se nos da como algo normal, dormir en la azotea o en la bodega junto al boiler, comer el recalentado de ayer y de pie en la cocina, estar al pendiente de la familia las 24 hrs. trabajar más de 12 horas al día sin descanso, no recibir aguinaldo ni pensión, etc. Y creemos que así es en todas las casas.
ORGANIZACIÓN SOCIAL Y DEFENSA DE NUESTRSOS DERECHOS
Debido a todos los prejuicios que socialmente existen sobre el trabajo del Hogar muchas de nosotras no valoramos nuestro propio trabajo, muchas negamos que nos dedicamos a trabajar en casa y llegamos a creer que no tenemos derechos, que en efecto, nos hacen un favor al darnos trabajo y nos sentimos agradecidas por lo mucho o poco que nos dan los algunos empleadores. Ante esta ideología y la situación económica tan precaria en la que vivimos es difícil, pero no imposible, motivar a las compañeras para que se organicen, para que negocien mejores condiciones de trabajo. Perder un día de trabajo para ir a una reunión es perder dinero que les hace falta, dedicarle a la organización su día de descanso implica muchas veces no estar con la familia el único día que tienen para convivir con ella. Pero también es el miedo de perder su empleo, de parecer una mal agradecida, lo que dificulta visualizar un cambio.
A veces se cree que organizarse para defender sus derechos es buscar pleito con sus patrones, pero no es así, la confrontación no es nuestro objetivo, por el contrario lo que buscamos es darle las herramientas a las compañeras para que logren sensibilizar a sus patrones sobre nuestras necesidades como trabajadoras, ofrecerles la confianza para negociar con ellos, siempre en los mejores términos, el reconocimiento de nuestros derechos, sabemos que no en todo los casos se logrará una trasformación inmediata y total de las relaciones laborales de las compañeras pero creemos que sólo organizándonos podemos iniciar ese cambio.
En el Colectivo de Mujeres Indígenas trabajadoras del Hogar, COLMITH[4], cada una de nosotras tiene voz y voto, las decisiones las tomamos de manera colectiva y las responsabilidades en los proyectos se adquieren según nuestras posibilidades y deseos. Nuestros proyectos siempre consideramos actividades donde se pueda involucrar al mayor número de compañeras. Hemos realizado encuentros, foros, talleres, mesas de trabajo, campañas de difusión, editado libros de historias de vida, cartillas sobre nuestros derechos, spot de radio en nuestras lenguas. Participamos en todos los eventos y espacios donde se  nos permita difundir nuestras demandas.
PROPUESTAS-AGENDA
Es por todo esto que nuestra actual agenda de trabajo[5] consiste en lograr:
Primero La ratificación del convenio 189 de la OIT por el gobierno mexicano.
Después la modificación de las leyes laborales, las del seguro social, la del Infonavit. Crear todas las leyes que sean necesarias con el fin de generar las condiciones legales, políticas y sociales que nos permitan ejercer, a cada una de los y las trabajadoras del hogar, todos nuestros derechos laborales[6]
De manera particular nos interesa lograr el reconocimiento y las condiciones que nos permitan ejercer como trabajadoras del hogar todos nuestros derechos colectivos por ser originarias de pueblos indígenas[7]
Incidir en la elaboración de políticas públicas integrales e incluyentes que garanticen el ejercicio de nuestros derechos culturales, humanos y laborales. En particular en nuestros espacios laborales.
Fomentar la participación y organización social de las trabajadoras del hogar.
A partir de nuestra agenda, nuestros principales ejes de acción se centran en:
Difusión: campañas de concientización hacían empleadores/as y  la población en general.
Capacitación: hacia las propias trabajadoras del hogar con temáticas como: derechos laborales, derechos humanos, identidad y cosmovisión indígena, desarrollo de habilidades para el uso y apropiación de la tecnología, así como para la profesionalización del trabajo.
Organización: Reuniones de trabajo, convocatorias, comunicación a través del uso de redes sociales, elaboración de planes y estrategias de trabajo.
Vinculación con otras organizaciones sociales y de la sociedad civil, instituciones públicas y privadas que tengan el interés y voluntad política para escuchar nuestras propuestas y conjuntar esfuerzos para transformar nuestra situación.
Impulsar la creación de una institución, agencia especializada, o centro de atención y capacitación que atiendan las necesidades específicas del sector que tenga amplias facultades[8].



[1] A pesar de estar lejos de nuestra comunidad de origen nunca olvidamos de dónde venimos, ni quienes somos. Sabemos que nuestra Madre Tierra siempre nos estará esperando como todas las Madres, muchas queremos morir en nuestro pueblo, la Madre Tierra es parte del ser indígena, por eso a pesar de estar en la ciudad lejos de nuestra comunidad, siempre seguiremos llevando nuestra identidad como mujeres indígenas con todas sus limitaciones, a veces modificándola, otras adaptándola pero siempre seremos lo que somos mujeres indígenas.
Floriberto Díaz dice sobre la importancia que tiene la Madre Tierra para los pueblos indígenas: “Para nuestra abuelas y abuelos sabios, el punto de partida y de llegada era la tierra. Por eso llegó a ser la madre de todos los seres vivos: de ella somos, de ella nos alimentamos y a ella retornamos aceptándonos en sus entrañas. Ella es sagrada, entonces, nosotros sus hijos lo somos también.” Tomado de FLORIBERTO DÍAS ESCRITO; UNAM, México 2007; “ Pág. 52
[2] Pueden leerse el Libro “entre muros” donde cuatro compañeras cuentan con su propia voz las razones por las que salieron de su comunidad y como ha sido su vida en la ciudad como trabajadoras del hogar disponible en: http://issuu.com/colmith/docs/entremuros_issuu  
[3] Recomendamos revisar el análisis que hace Priscila Galan sobre la triple discriminación que sufrimos la mujeres indígenas trabajadoras del hogar por “Ser mujer, ser indígena y ser pobre, constituyen los tres factores claramente identificados como una triple forma de marginación económica, como una dominación cultural e inequidad pragmática en las relaciones de género” Pág. 123 de su Tesis de Maestría en Defensa y Promoción de los Derechos Humanos “Violación a los derechos laborales de las empleadas del hogar: caso mujeres indígenas que han migrado a la Ciudad de México (de 1999 a 2009)” UACM 2010
[4] En nuestro colectivo las puertas están abiertas para todos y todas los que quieran apoyarnos en nuestra lucha, no es necesario ser mujer ni ser indígena ni trabajadora del hogar para formar parte de nuestro colectivo. A lo largo de los años que llevamos de estar organizadas han participado más de 100 compañeras, incluyendo estudiantes y académicos, quienes han realizado servicio comunitario con nosotras, ya que a nadie se le pide cuota ni recibe pago alguno por su participación. Para conocer más sobre el trabajo que realizamos pueden revisar nuestro blog: http://empleadasindigenas.blogspot.com/
[5] Esta agenda de trabajo fue el resultado del Primer encuentro Nacional de Trabajadoras del Hogar realizado el 22 de octubre de 2011 en la Ciudad de México.
[6] como: jornada de trabajo de 8 horas, pago de horas extras, vacaciones pagadas, antigüedad, aguinaldos, pensiones y todas las prestaciones que por ley debemos tener todos los trabajadores. Pero todo esto debe de hacerse a través de consultas, mesas de diálogo y foros con los sectores involucrados (trabajadoras, empleadoras y gobierno) así como académicos, expertos y asesores en el tema.
[7] por ejemplo: utilizar nuestra lengua, trasmitir nuestros valores, cosmovisión y vida comunitaria, en nuestros espacios laborales y privados.
[8] Por ejemplo: exigir obligatoriedad del contrato laboral, en nuestros idiomas y traducidos, donde se reconozcan nuestros derechos y obligaciones laborales tomando en cuenta nuestras características culturales; realizar campañas permanentes de sensibilización para el reconocimiento del trabajo del hogar como un trabajo digno; ofrecer capacitación laboral y profesional de manera gratuita, con horarios adecuados a nuestras jornadas de trabajo y con reconocimiento por parte de la SEP y la Secretaria del Trabajo; Ofrecernos las facilidades y espacios que nos permitan ejercer y trasmitir nuestras culturas así como desarrollarnos en todas las áreas y niveles; capacidad para ejercer nuestra defensa, asesoría y representación jurídica ante cualquier situación que surja a partir de nuestra situación laboral y cultural; facilitarnos el acceso a medios de comunicación , a los espacios de diálogo e información sobre las necesidades, logros y retos del sector; que sirva como Observatorio ciudadano para la evaluación y seguimiento de políticas públicas y asignación de presupuesto destinado a nuestro sector; y que sirva para vincularnos con otros movimientos ciudadanos y organizaciones.

viernes 25 de noviembre de 2011

Impulsarán que el Senado ratifique el Convenio 189 sobre derechos de las trabajadoras del hogar

Periódico La Jornada
Miércoles 23 de noviembre de 2011, p. 45

Las trabajadoras domésticas en México sufren rezago en el ejercicio de sus derechos humanos, ya que 14 de cada 100 trabajan en varias casas y, pese a ello, 22.5 por ciento gana entre 250 y 500 pesos a la semana, mientras 7.8 por ciento reciben menos de 250 pesos en ese lapso.

Asimismo, 25 personas de cada 100 justifican darles de comer alimentos sobrantes y sólo entre uno y 6 por ciento tienen alguna prestación social, consigna la Encuesta Nacional sobre Discriminación en México (Enadis), presentada ayer en el Senado de por el Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación (Conapred), ONU Mujeres y la Organización Internacional del Trabajo (OIT).

La Enadis revela que en México más de 2 millones de personas dedicadas al trabajo doméstico remunerado viven cotidianamente los efectos de prejuicios históricos, minusvaloración y discriminación que se dan al amparo de la privacidad del hogar, la frontera entre lo público y lo privado, la creencia de que el buen trato suple derechos laborales, y la falta de acciones gubernamentales para promover la igualdad.

La directora regional de ONU-Mujeres para México, Centroamérica, Cuba y República Dominicana, Ana Güezmes, señaló que para ese sector sigue pendiente el tema de generar las herramientas y mecanismos que permitan el pleno reconocimiento de sus derechos. Ello, no obstante, que el trabajo del hogar representa 21.6 por ciento del producto interno bruto, indicó la subsecretaria de inclusión laboral de la Secretaría del Trabajo y Previsión Social, Patricia Espinosa.

El director de la oficina de la OIT para México y Cuba, Thomas Wissing, detalló que las personas de ese sector representan 4.5 por ciento del total de la población económicamente activa (PEA) en el país, esto es, 11 por ciento de la PEA femenina y sólo uno por ciento de la masculina. Es significativo, dijo, que 92 por ciento de las personas que realizan trabajo doméstico remunerado sean mujeres.

Wissing advirtió que es un imperativo legal pagar lo justo y reconocer los derechos laborales a dos millones de trabajadoras del hogar; hacerlo, explicó, tendrá un impacto socioeconómico positivo, pues se estimularía el mercado interno, se contribuiría a la generación de empleo formal e incidiría directamente en los índices de pobreza.

Ricardo Bucio, presidente del Conapred, planteó reformar la Ley Federal del Trabajo y la Ley del Seguro Social, e incluso hay que crear una ley específica sobre trabajo doméstico para evitar las dificultades que existen de reformar la ley laboral.

A su vez, el presidente de la Comisión de Atención a Grupos Vulnerables del Senado, Guillermo Tamborrel, exhortó a las y los legisladores a aprobar la reforma laboral para garantizar los derechos de las trabajadoras del hogar y se comprometió a impulsar que el Senado ratifique el Convenio 189 sobre los Derechos de Trabajadoras del Hogar, una vez que sea recibido de pardel gobierno de Felipe Calderón.

Con ese convenio se pretende adoptar nuevos estándares internacionales de protección de los derechos a partir de la ratificación que hagan los estados parte de la ONU.

domingo 13 de noviembre de 2011

MEXICO: Diputados indígenas demandan mayor presupuesto para Pueblos Indígenas

Mayores recursos un acto de justicia
Indígenas respaldan acciones de legisladores
Genaro Bautista / AIPIN

Palacio Legislativo de San Lázaro. Diputados Federales de la Comisión de Asuntos Indígenas (CAI), tomaron la tribuna de la Cámara de Diputados, en demanda de mayor presupuesto para los pueblos indios de México.

Los parlamentarios Filemón Navarro Aguilar, Tlapaneco de Guerrero, Domingo Rodríguez Martell, Tenek de San Luis Potosí, Florentina Rosario Morales, Afromexicana, y Luis Hernández Cruz, Tojolabal de Chiapas, del grupo parlamentario del Partido de la Revolución Democrática (PRD), informaron que decidieron tomar la tribuna, en demanda de más recursos en el Presupuesto de Egresos de la Federación (PEF-2012), para las comunidades indígenas.

A la medida se sumaron sus homólogos del Partido del Trabajo y el presidente de la CA, el diputado del Partido Revolucionario Institucional (PRI), Jorge González.

Entrevistado por AIPIN, el Diputado Héctor Pedraza Olguín, Ñha-Ñhu, del estado de Hidalgo y Secretario de la Comisión de Asuntos Indígenas en la Cámara Baja, afirma que el incremento al presupuesto indígena es un acto de justicia, y coincidió con sus correligionarios en los 20 mil millones de pesos para la CDI en lugar de los 8 mil millones que pide el ejecutivo federal.

“Hemos determinado asumir acciones contundentes... queremos, que así como se reconoce que el 14 por ciento de la población somos indígenas, que el presupuesto sea proporcional, que no sea del 1.3 por ciento solamente”, dijo el diputado guerrerense, Filemón Navarro.

La postura de los legisladores, tuvo un efecto inmediato, de parte del presidente de la Comisión de Presupuesto, Alfonso Navarrete Prida, del PRI, quien inició una reunión con los diputados demandantes para negociar un nuevo monto presupuestal para la población indígena.

Navarro Morales, expone que se asignen 20 mil millones de pesos y no 9 mil que plantea la Comisión de Presupuesto de la Cámara de Diputados, u 8 mil que plantea el Ejecutivo a la Comisión Nacional para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas (CDI).

En su oportunidad, el diputado Domingo Rodríguez Martell recordó que han propuesto un ramo especial para pueblos y comunidades indígenas para evitar que se regateen los recursos que se envían a estas comunidades, toda vez que representa “un agravio que sólo se destine el 1.3 por ciento del presupuesto nacional”.

Martell comentó que los escasos recursos que se destinan año con año, no han logrado mejorar las condiciones de vida de los pueblos indígenas, por esa razón –dijo- los diputados, que representan a estas comunidades seguirán en lucha para lograr un aumento significativo para el siguiente año.

Florentina Rosario y Luis Hernández, calificaron de “grosero” el presupuesto contemplado para los indígenas.

Hernández, Navarro y Rodríguez Martell, demandaron un presupuesto de 510 mil millones de pesos del PEF 2012 para atender a los indígenas del país, que en su conjunto representan 14 por ciento del total de la población mexicana.

Exigieron igualmente un gasto mínimo de 20 mil millones de pesos para la Comisión Nacional para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas para el año entrante.

Respaldan postura de legisladores

La acción de los legisladores, fue bien vista por distintos actores indígenas

Adelfo Regino Montes, Secretario de Asuntos Indígenas (SAI) del estado de Oaxaca, afirmó estar consciente que la situación en que se encuentran las sociedades originarias sigue siendo lamentable.

Entre los pueblos indígenas, los índices de desarrollo humano y social están por los suelos y ello obedece en gran medida a la ausencia de una política pública integral como resultado de un presupuesto insuficiente, señaló Regino del pueblo Ayuuk, a AIPIN.

Con todo y los recursos destinados al Programa de Infraestructura Básica para la Atención de los Pueblos Indígenas (PIBAI), es importante un mayor presupuesto compensatorio para el desarrollo de los pueblos indígenas, indicó Regino Montes.

Desde Oaxaca, el titular de la SAI, respaldó el trabajo que viene realizando la Comisión de Asuntos Indígenas de la Cámara de Diputados y la toma es un reflejo de las reivindicaciones de los pueblos indígenas, enfatizó.

Para Marcos Matías Alonso, titular de la Secretaría de Asuntos Indígenas (SAI) del gobierno del estado de Guerrero, la Cámara de Diputados, no debe pasar por alto, que México mantiene una deuda histórica con los pueblos indígenas.

En conversación telefónica con AIPIN, Matías Alonso, expresidente en la pasada legislatura de la Cámara de Diputados de la Comisión de Asuntos Indígenas, llamó a restaurar esta deuda con un presupuesto honroso para los pueblos indígenas que de acuerdo al Instituto Nacional de Geografía y Estadística (INEGI), suman una población cercana a los 16 millones de personas.

El político indígena guerrerense, invita a los diputados federales, Domingo Rodríguez y Filemón Navarro, a mantener su arrojo, a no titubear en la pelea del presupuesto y tener presente que sus acciones están siendo observadas por los pueblos indígenas.

En tanto, Abundio Marcos Prado, de la Organización Nación P’urhépecha de Michoacán, consideró acertada la actitud de los legisladores.

Sin embargo, Marcos Prado, también dirigente del Movimiento Indígena Nacional (MIN), expuso: “lo ideal es que nuestros diputados, nos convocaran para accionar de manera conjunta la defensa del presupuesto, con el propósito que no pareciera un hecho aislado”.

Por su parte, Enrique Valenzuela, presidente del Consejo Tradicional de Pueblos Indígenas de Sonora, se congratuló de la postura de los diputados quienes habían mantenido un bajo perfil en el Palacio Legislativo de San Lázaro.

Bruno Placido Valerio, representante mixteco en el Consejo Consultivo de la CDI, y dirigente de la Unión de Pueblos y Organizaciones del Estado de Guerrero, expresó que es importante un mayor incremento al presupuesto del Fondo Indígena y el referente a energía.

En el mismo sentido y reforzando la postura de género, Martha Sánchez Néstor, de la Alianza de Mujeres de México y Centroamérica, manifestó que se necesita una verdadera voluntad política de los distintos poderes del Estado mexicano, que reconozcan los derechos de los pueblos indígenas.

Con ello, estima, “nuestros diputados o diputadas, no se verán obligados a tomar acciones para forzar a aceptar la necesidad de un presupuesto acorde a la realidad que vivimos”.

En su reflexión, Sánchez Néstor, experta indígena, subraya que se adolece de una política de estado, y todo se reduce a una retórica discursiva, que en nada abona en el combate a la pobreza, que conduzca a un desarrollo con identidad y cultura.

La falta de un compromiso real con los pueblos indígenas es evidente, abunda Martha Sánchez, de origen amuzgo, y ello debe de cambiarse de manera inmediata y en este momento un presupuesto que contribuya a desterrar la desigualdad, puede ser un buen principio, acentuó.

lunes 24 de octubre de 2011

PRIMER ENCUENTRO NACIONAL DE TRABAJADORAS DEL HOGAR



Periódico La Jornada
Domingo 23 de octubre de 2011, p. 38

Luego de dos días de trabajo, las asistentes al primer Encuentro Nacional de Trabajadoras del Hogar acordaron trabajar en dos ejes fundamentales de cara al proceso de ratificación del convenio 189, adoptado en junio pasado durante la reunión de la Organización Internacional del Trabajo (OIT): difundir entre el mayor número posible de empleadas del hogar los derechos que busca garantizar dicho instrumento –con especial énfasis en la situación de las trabajadoras indígenas– y negociar con actores nacionales e internacionales con miras a lograr la citada ratificación.

El encuentro, organizado por el Colectivo de Mujeres Indígenas Trabajadoras del Hogar (Colmith) en el ex convento de Culhuacán, se realizó para fortalecer las redes entre las diversas organizaciones que trabajan por los derechos de las empleadas del hogar y construir las bases de una agenda común que beneficie a ese sector.

Para ello, contaron con la presencia de especialistas que analizaron los alcances y limitaciones del convenio 189 de la OIT, el cual busca reconocer el quehacer doméstico remunerado como trabajo formal y, en tanto lo sea, mejorar las condiciones laborales de quienes lo ejercen.

Entre los beneficios que plantea el convenio están el establecimiento de una jornada laboral, reconocimiento de horas extras y el acceso a seguridad social. En México existen alrededor de dos millones de empleadas del hogar.

Luego del taller de análisis y las mesas de trabajo, las participantes convinieron impulsar una estrategia de negociación con miras a alcanzar la ratificación del Convenio 189, para lo cual buscarán alianzas, primero, con organizaciones afines, luego con delegados, sindicatos y congresos locales, para posteriormente llegar a la Cámara de Diputados y finalmente al Senado, que es donde se debe dar dicha ratificación, señaló Lorenza Gutiérrez, coordinadora del Colmith.

Otras resoluciones derivadas de la reunión fueron respecto a la vinculación entre los convenios 189 y 169 de la OIT (éste último referente a los pueblos indígenas), como son acordar periodos vacacionales a partir de las tradiciones y costumbres de las trabajadoras indígenas, respetar el ejercicio de sus culturas y tradiciones en el ámbito laboral y celebrar contratos colectivos de trabajo en su lengua y traducidos.

lunes 10 de octubre de 2011

campaña por el reconocimiento a nuestro trabajo



NUESTRO TRABAJO DEBE SER RESPETADO

Aún estamos trabajando
por el cumplimiento de todos nuestros derechos
por el pleno reconocimiento de nuestro trabajo
para que todas 
y cada una de nosotras 
que laboramos en casa
en tu casa
limpiando vuestros hogares
cuidando a vuestras familias
ayudando en las labores diarias
para que todas 
y cada una de nosotras
tengamos los mismos derechos
las mismas oportunidades
las mismas prestaciones
que el obrero 
que el empleado 
que el burocrata
que cualquier trabajador del mundo
nuestro trabajo debe ser reconocido y respetado
por cada una de vosotras
empleadora
amiga
compañera
nuestro trabajo debe ser respetado.

miércoles 13 de abril de 2011


CDHDF SEÑALA PROBLEMAS DEL EMPLEO DOMÉSTICO
- De acuerdo con la dependencia, en el DF existen aproximadamente 200 mil trabajadoras del hogar, de las cuales ninguna cuenta con un contrato laboral que les brinde salario digno y prestaciones -

2011-Abril-03

 Algunas veces las trabajadoras del hogar han ofrecido la vida por resguardar los bienes de su patrón, en otros casos han tenido que encubrir las malas prácticas de los dueños de la casa, muchas otras son acusadas de robarse algo para no pagarles pese a que ellas fungen hasta como enfermeras de las familias a las que sirven y unas más son víctimas de abuso sexual.
En el Distrito Federal existen 200 mil trabajadoras del hogar y no hay un solo caso con un contrato laboral escrito en el que los empleadores se comprometan a brindar un salario digno y prestaciones de ley con sus empleadas.
De esa cifra sólo un 5% cuenta con un acuerdo de palabra para mejorar sus condiciones, expresó el ombudsman capitalino, Luis González Plascencia, durante el Foro Internacional de Trabajo Digno para las Trabajadoras y Trabajadores del Hogar.
Añadió que no cuentan con ningún tipo de seguridad social; que una de cada tres gana menos de un salario mínimo; asimismo, el 6% no recibe ninguna remuneración por su trabajo y 11% de ellas son analfabetas.
"Yo entré a trabajar en una casa, donde yo no sabía si su hijo era narco. La señora me decía cuando ‘vayas a limpiar allá arriba, me avisas'. La verdad es que yo no conozco las plantas. A mi se me hacía muy raro que ella me acompañara y me dijera a qué plantas le echara agua. En el cuarto de su hijo tenía muchas plantas y en el baño. La señora me decía que eran experimentos de la escuela", según comentó una de las participantes del foro.
Y continuó: "Después me cayó el veinte. Dejé de ir y no podía correr el riesgo de decirle a la señora ‘es que en su casa tiene mota'. En esos casos, la verdad uno es vulnerable y no sabe qué hacer".
Durante el foro realizado en el marco del día internacional de las trabajadoras del hogar, el pasado 30 marzo, las propias trabajadoras del hogar, de México como de varios países como Ecuador, Perú y Guatemala, narraron sus experiencias.
Ricardo Bucio, presidente del Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación (CONAPRED), mencionó que al último trimestre de 2010, había poco más de 2 mil personas dedicadas al trabajo del hogar en el país, de las cuales unas mil 800 son mujeres y el resto hombres.
Afirmó que actualmente, a nivel nacional, hay tres iniciativas de reforma a la Ley Federal en el apartado de Trabajadores Domésticos, a desahogarse en el Congreso de la Unión, pero donde hay indiferencia de los partidos políticos.
En las conclusiones, los participantes del foro coincidieron que en México el reconocimiento desigual de derechos laborales y de acceso a la seguridad social para quien realiza el trabajo del hogar, coloca a estas personas en una grave situación de desventaja, expresión de discriminación legalizada, institucionalizada, histórica y normalizada.
Ante esa situación y con la finalidad de visibilizar su situación, exhortaron al Estado mexicano ratifique el convenio y recomendación que sobre esta materia ha elaborado la organización internacional del trabajo (OIT).
Durante el acto, se reconoció que 10% de los hogares del país cuentan con apoyo para realizar las tareas del hogar y enfatizó en la necesidad de despojarse de la idea de que las trabajadoras del hogar son como de la familia como pretexto, porque de ser así, explicó, implicaría que tuvieran los mismo derechos como salir de vacaciones, e incluso la posibilidad de heredar.

-Fuente: fernando.martinez@eluniversal.com.mx
-Fernando Martínez | El Universal 


Más de un millón de empleadas domésticas, sin vacaciones; A casi 40% se le prohíbe hablar por teléfono: Conapred

2011-Marzo-31

México, DF, 30 mar 11 (CIMAC).- En México, la discriminación contra las trabajadoras del hogar se traduce en el deterioro de sus condiciones laborales, ejemplo de ello, es que 61 por ciento de las cerca de 2 millones de mujeres ocupadas en esta actividad carece de vacaciones y casi la mitad no recibe aguinaldo, denunció el Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación (Conapred). 
En el Día Internacional de las Trabajadoras del Hogar, el Conapred señaló que la discriminación contra estas empleadas ocurre en el ámbito público y privado y se debe a la desvalorización de esta actividad económica y la falta de un marco jurídico suficiente que estipule sus derechos.
Hasta el tercer trimestre de 2010, la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo registró un millón 822 mil 452 mujeres y 172 mil hombres dedicados al trabajo en el hogar, es decir nueve de cada diez personas ocupadas en esta labor son mujeres.

En un comunicado, el Conapred refirió, con base en la Encuesta Nacional de Discriminación (Enadis) 2010, que 33 por ciento de las trabajadoras del hogar consideran que su principal problema son los bajos salarios, 19 por ciento respondió que el abuso, maltrato, humillación y discriminación, y 12 por ciento opinó que la falta de derechos laborales. 
De acuerdo con el Consejo, una prueba de que a las empleadas domésticas no se les da un trato justo es que 58 por ciento de la población está muy de acuerdo o algo de acuerdo en que se les de de comer los alimentos sobrantes.
El deterioro laboral se debe a que los patrones son quienes establecen las condiciones de trabajo con frecuencia en perjuicio de las trabajadoras, pues ellos tiene una posición más ventajosa a la hora de contratar, mantener la relación laboral y especificar las funciones, así como los salarios y horarios de descanso, maternidad y días libres.

En México, sólo 5 por ciento tiene contrato escrito y 0.01 por ciento tiene acceso a la seguridad social, según el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi).

En este escenario, actividades que son totalmente permitidas en cualquier ámbito laboral a ellas les son prohibidas. Según la Enadis, 37.9 por ciento de las trabajadoras no puede usar el teléfono, 46.5 por ciento no cuenta con aguinaldo, y 44.7 por ciento no tiene horario fijo.

El desfavorable panorama es posible porque el marco normativo de protección y garantía de derechos es insuficiente. 
En México, las trabajadoras del hogar organizadas llevan cerca de 15 años (cuatro legislaturas) presentando alternativas y de cabildeo de reformas a las leyes Federal del Trabajo y del Seguro Social, para que se establezcan derechos mínimos laborales.

Cabe recordar que las organizaciones de empleadas del hogar instauraron, hace 23 años, el 30 de marzo como el Día de las Trabajadoras del Hogar, con la intención de colocar en la agenda pública su situación de “discriminación sistemática y llamar la atención ante la indiferencia social”.

-Fuente: TIEMPO DE MUJERES
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